Síndrome del atrapamiento subacromial

(Rotura y sutura del manguito rotador)

El síndrome del atrapamiento subacromial o impingement subacromial es una de las patologías de partes blandas más frecuentes del hombro. Afecta en mayor medida a mujeres de edad media. Consiste en un atrapamiento y roce doloroso de los tendones de los músculos que conforman el manguito rotador del hombro.

Un poco de anatomía…

El denominado manguito rotador es un conjunto de cuatro músculos, insertados en la escápula (omóplato) que se encargan de los movimientos de rotación y separación (abducción) del hombro (articulación glenohumeral). Se trata de los músculos supraespinoso, infraespinoso, redondo menor y músculo subescapular.

Estos músculos discurren de manera natural por debajo de una prominencia de la escápula llamada acromion, a través un canal anatómico llamado espacio subacromial.

¿Qué es lo que ocurre?

El espacio por el que deben deslizarse estos tendones se encuentra estrechado, generalmente de manera crónica, por lo que se produce un roce e irritación de estos tendones (más frecuentemente del tendón del músculo supraespinoso). Esto provoca dolor a las moviliaciones y a la exploración física y realización de diferentes maniobras (como la maniobra de Neer, de Jobbe, de Yoccum, etc.) y en los rangos extremos del movimiento. Es característico el dolor de predominio nocturno.

Algunas personas tienes predisposiciones anatómicas, como un acromion en forma de gancho, o desempeñan labores o actividades que condicionan un mayor desgaste de estos tendones (por ejemplo personas que trabajan con los brazos en elevación, como en el sector de la peluquería y cosmética, encargados de almacén, pintores, etc.) debido a una mayor demanda.

En fases avanzadas, donde el tendón ya ha estado sometido mucho tiempo a este roce y desgaste, pueden producirse roturas en el mismo. Éstas pueden afectar al espesor completo o parcial del tendón así como a varios de los tendones del manguito rotador. Incluso en estadios finales, si el tendón está completamente roto, el músculo correspondiente se retrae y puede sufrir un proceso de degeneración y atrofia grasa.

Además de con una correcta anamnesia y exploración, la manera de identificar y cuantificar la rotura de alguno de los tendones y su extensión es mediante una ecografía o, preferentemente, mediante una resonancia magnética de la articulación.

¿Cómo lo tratamos?

El manejo suele ser conservador, con buena respuesta. Éste consiste en un abanico de opciones, que pasan desde la medicación oral (antiinflamatorios y analgésicos), sesiones de rehabilitación y fisioterapia e infiltraciones (habitualmente de anestésicos y corticoides, aunque también se pueden administrar otros productos como los PRPs). La mejoría suele ser completa, aunque puede tratarse de un proceso largo.

Cuando mediante una ecografía o una resonancia hemos diagnosticado una rotura de alguno de los tendones, la magnitud de la misma, así como la clínica y limitación del paciente, pueden condicionar el manejo, optando por medidas también conservadoras en roturas pequeñas y casos oligosintomáticos, frente a tratamiento quirúrgico en los casos más extremos. Habitualmente éste consiste en un procedimiento artroscópico y una limpieza y sutura del tendón que se encuentre lesionado. Posteriormente será necesario un periodo de inmovilización con cabestrillo así como un protocolo de rehabilitación dirigido, a partir de la 3ª semana de la cirugía.

Autor: Dr. Pablo Checa Betegón